La historia de Juan y su hijo

Soy Juan, padre de Anthony. Mi hijo tiene 14 años y siempre ha sido muy alegre, muy extrovertido. Vivimos en Durán, en la ciudad de Guayaquil. Él vive con su mamá y hermanos, y espera ansioso que lo vaya a visitar cada viernes por la noche, así él se queda conmigo todo el fin de semana. Llegamos a ese acuerdo con su madre desde hace 3 años cuando nos separamos. Pero hace dos meses noté que mi hijo insistía en que lo fuera a visitar por fuera de los días establecidos, por mi trabajo no podía ir entre semana. Y aunque al inicio me emocionó que Anthony me insistiera en que lo vaya a ver cada tarde al regresar del colegio, luego sentí que algo no marchaba bien.
Juan revisando un mensaje de texto de su hijo Anthony
Mi ex esposa trabajaba por la tardes y dejaba a los niños con su madre y padre. Nunca compartí mucho con ellos, se que el abuelo de mi hijo es dueño de una mecánica de autos y que la abuela vende comida en la puerta de su casa. Yo siempre fui agradecido con ella y él por apoyarnos con el cuidado de mi hijo y de los hijos de mi ex esposa; sin embargo, algo no me gustó cuando le pregunté a Anthony sobre qué hacía cuando visitaba a sus abuelos cada tarde. Mi hijo se ponía muy nervioso al hablar del tema y solo me decía que ya no le gustaba ir porque su abuelo lo obligaba a que le haga compañía en la mecánica y no lo dejaba hacer sus tareas de la escuela y jugar tranquilamente con sus hermanos y nuevos amigos de la cuadra.
Anthony con su abuelo en la mecánica
Todo empeoró cuando un fin de semana que Anthony estaba en mi casa, se despertó a la madrugada con pesadillas, eran las dos de la mañana y no pudo conciliar el sueño hasta el amanecer. Decidí preguntarle a la madre de Anthony si ella había detectado algún cambio en nuestro hijo. Lo que me dijo me hizo alarmarme aún más. Mi hijo había empezado a aislarse de sus hermanos y en las mañanas le decía a su mamá que preferiría regresar a casa y pasar solo, evitando ir a casa de sus abuelos. La excusa era que necesitaba concentrarse más en sus tareas y allá no podía.
Anthony teniendo pesadillas en su cama

Decidí buscar ayuda profesional y mientras le contaba esto a una psicóloga, ella me preguntó si en el entorno familiar yo recordaba de casos de abuso o violación sexual. No lo había tenido en cuenta, pero cuando vivía con la madre de Anthony, recordé que dos de sus sobrinas habían hablado con ella porque el abuelo de Anthony las había tocado en sus partes íntimas. Después de eso, recuerdo que la madre de las chicas, mi esposa y los otros hermanos decidieron que, para resguardar la tranquilidad de su madre, la abuela de Anthony, no harían más bulla de lo sucedido y las niñas no volverían a visitar al abuelo.

Después de recordar esto y conversar con mi ex esposa, ella me contó que nuestro hijo le había dicho que su abuelo lo estaba tocando y acosando pero que ella no sabía qué hacer porque no teníamos a nadie que se encargue del cuidado de los niños. Decidimos que la integridad de mi hijo y de los suyos era primero y fuimos a denunciar al abuelo de mi Anthony por abuso sexual.

Juan conversando con la psicóloga

Después pusimos en conocimiento a las autoridades del colegio donde estudia mi hijo. La rectora del plantel me indicó que daría a conocer el caso al DECE para que este departamento inicie un proceso de acompañamiento y remita un informe de violencia. Así mismo, la rectora puso en conocimiento a la Dirección Distrital.

Han pasado semanas muy duras, pero con el acompañamiento que nos han brindado el colegio, mi Anthony ha recuperado su alegría. Su madre y yo decidimos pedir cambios de horarios y ahora yo me encargo de cuidar de mi hijo y sus hermanos durante la mitad de la semana. Anthony se integró a la Red Intergeneracional que nos recomendó la psicóloga del DECE de su nuevo colegio, y ahora participa de varias acciones para visibilizar como la violencia sexual afecta la vida de adolescentes en el sistema educativo.

Anthony jugando con su hermana y hermano
  • Qué hacer

¿Qué hacer si conoces un caso de violencia sexual?

Aquí te damos tres claves para acompañar si conoces a alguien que esté viviendo una situación de violencia sexual.
ESCUCHA lo que te cuente tu estudiante o la persona que está viviendo violencia. No la juzgues ni culpes. La violencia es algo naturalizado en nuestra sociedad y se suele culpar a la víctima. El primer paso es creerle porque puede ser que seas la primera persona a la que le confía su historia y esa podría ser una oportunidad para que deje de vivir violencia.
INFORMA a una persona de confianza o a la autoridad competente. El silencio no es una opción.
OBSERVA porque es nuestra responsabilidad, como personas adultas el cuidar de niñas y niños. Si identificas algún cambio de actitud o alguna señal de alerta acude las instancias para realizar la denuncia.

NOTA: siempre puedes contar con la Red intergeneracional de tu escuela/cantón y pedir para el proceso de vigilancia y exigibilidad para la respuesta de los servicios de protección. Y, si deseas participar de acciones para enfrentar la violencia sexual en tu escuela o colegio puedes también sumarte a la Red y participar activamente para trabajar en prevención y respuesta a la violencia sexual en las instituciones educativas.
  • Decálogo de la protección integral
  • 1.

    No revictimizar a la niña, niño o adolescente con preguntas y solicitudes reiteradas en los detalles en relación con el hecho de violencia.
  • 2.

    No culpabilizar.
  • 3.

    Reforzar el deber de la denuncia con el fin de romper con el “espíritu de cuerpo”.
  • 4.

    Brindar protección a la persona denunciante.
  • 5.

    Garantizar la confidencialidad a lo largo del proceso.
  • 6.

    Velar por la integridad física y psicológica de niños, niñas, adolescentes víctimas de violencia y de sus personas de confianza.
  • 7.

    Asegurar la no repetición de un presunto hecho de violencia.
  • 8.

    No emitir juicios de valor sobre la víctima o la situación de violencia.
  • 9.

    No emitir actitudes discriminatorias.
  • 10.

    Tener en cuenta la opinión del niño, niña o adolescente respecto a lo que desea hacer frente a la situación de violencia que le está afectando.

¿Cómo reconocer si alguna niña o niño está siendo víctima de Violación?

  • Signos o indicadores físicos evidentes

    • Marcas en el cuerpo (heridas, moretones, mordeduras, quemaduras, entre otros), irritación en boca, extremidades o dedos (fuera del cuadro clínico).
    • Lesiones, fracturas o esguinces sin explicación coherente, o que no concuerden con la causa alegada.
    • Problemas de salud frecuentes, como dolores abdominales, enuresis o encopresis.
  • Signos o indicadores de comportamiento

    • Somatizaciones (dolores de cabeza, mareos, desmayos, taquicardia, sensación de ahogo o vómito, entre otras manifestaciones). 
    • Trastornos alimenticios.
    • Trastornos del sueño (pesadillas, terror nocturno o insomnio).
    • Cambios bruscos de comportamiento (agresividad, retraimiento, sumisión, pasividad, hiperactividad, depresión).
    • Sentimientos de culpa frente a acciones o inacciones.
    • Fantaseo con detalles excesivos (por ejemplo, que lo rescaten, cambiar de familia o que desaparezca alguna autoridad).
    • Desgano, apatía, pasividad, silencio llamativo, aislamiento.
    • Tristeza permanente, depresión, llanto fácil.
    • Mentiras, tartamudeo.
    • Uso de vestimenta inadecuada para el clima (para ocultar las lesiones).
    • Hiperactividad, nerviosismo, mutismo selectivo.
    • Actitudes y vocabulario hipersexualizados o romantización de la violencia (especialmente en los casos de estupro.
  • Conductas que se pueden identificar en la institución educativa

    • Disminución del rendimiento académico, incumplimiento de tareas escolares y desinterés en el estudio.
    • Falta de concentración, distracción constante.
    • Conductas variables en clase.
    • Temor a permanecer en el establecimiento, miedo de ir a su casa.
    • Rehuir o negarse a hablar sobre su situación o la de su familia.
    • Visitas frecuentes al departamento médico o enfermería.
    • Cautela con respecto al contacto físico con personas adultas.
    • Conductas agresivas (hacia pares y/o personas adultas).
    • Comportamientos extremos o temerarios.
    • Conflictos con la autoridad.
    • Recepción de regalos, prebendas o prerrogativas especiales sin causa justificada.

Signos o indicadores físicos evidentes

  • Marcas en el cuerpo (heridas, moretones, mordeduras, quemaduras, entre otros), irritación en boca, extremidades o dedos (fuera del cuadro clínico)
  • Lesiones, fracturas o esguinces sin explicación coherente, o que no concuerden con la causa alegada
  • Problemas de salud frecuentes, como dolores abdominales, enuresis o encopresis

Signos o indicadores de comportamiento

  • Somatizaciones (dolores de cabeza, mareos, desmayos, taquicardia, sensación de ahogo o vómito, entre otras manifestaciones) 
  • Trastornos alimenticios
  • Trastornos del sueño (pesadillas, terror nocturno o insomnio)
  • Cambios bruscos de comportamiento (agresividad, retraimiento, sumisión, pasividad, hiperactividad, depresión)
  • Sentimientos de culpa frente a acciones o inacciones
  • Fantaseo con detalles excesivos (por ejemplo, que lo rescaten, cambiar de familia o que desaparezca alguna autoridad)
  • Desgano, apatía, pasividad, silencio llamativo, aislamiento
  • Tristeza permanente, depresión, llanto fácil
  • Mentiras, tartamudeo
  • Uso de vestimenta inadecuada para el clima (para ocultar las lesiones)
  • Hiperactividad, nerviosismo, mutismo selectivo
  • Actitudes y vocabulario hipersexualizados o romantización de la violencia (especialmente en los casos de estupro.

Conductas que se pueden identificar en la institución educativa

  • Disminución del rendimiento académico, incumplimiento de tareas escolares y desinterés en el estudio
  • Falta de concentración, distracción constante
  • Conductas variables en clase
  • Temor a permanecer en el establecimiento, miedo de ir a su casa
  • Rehuir o negarse a hablar sobre su situación o la de su familia
  • Visitas frecuentes al departamento médico o enfermería
  • Cautela con respecto al contacto físico con personas adultas
  • Conductas agresivas (hacia pares y/o personas adultas)
  • Comportamientos extremos o temerarios
  • Conflictos con la autoridad
  • Recepción de regalos, prebendas o prerrogativas especiales sin causa justificada

Importante

¡Recuerda!

Nadie de la comunidad puede solicitar a la víctima que muestre signos o lesiones que no se puedan observar a simple vista. Si se presupone su existencia, debe contactarse con la Fiscalía inmediatamente, para que se realice el respectivo peritaje.

¡Ojo!

Al interior de la institución educativa, el personal docente y quienes conforman los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE) tiene un rol fundamental para detectar si alguien está viviendo una situación de violencia, pues son quienes mayor tiempo comparten con las y los estudiantes y esto facilita que puedan identificar casos de violencia.

Apoya nuestro proyecto

Si deseas apoyar este proyecto, escríbenos a: ecu.care@care.org

CARE Ecuador

COCASEN